La situación en la corte española durante el cambio del siglo XVIII al XIX se caracterizó por un fenómeno de la idiosincrasia española: el majismo, la afición de la aristocracia por imitar en su indumentaria a las clases populares de Madrid.
Esta dinámica, “plebeyismo” como
lo definió Ortega y Gasset, surgió como reacción casticista cuando el
modelo de vestido a la española dejó de tener relevancia frente a la moda francesa surgida de la Revolución y popularizada por la nueva corte napoleónica, que cada vez tenía más prestigio conforme aumentaba su poder político. Así, el
majismo se convirtió en una moda estética, pero también en la herramienta de
resistencia de una aristocracia castiza que veía amenazada su identidad y su modo de vida.
![]() |
| La gallina ciega, Francisco de Goya (1789, Museo del Prado) |
En general, las majas y los majos de Madrid eran los habitantes de determinados barrios humildes como Lavapiés, Barquillo, Maravillas y parte de San Francisco, que durante el siglo XVIII adoptaron una vestimenta característica basada en el traje a la española, puesto que la nueva moda francesa no era accesible a las clases populares. Así, la gente tendía a imitar las referencias más cercanas que tenía: la ropa suntuaria de la corte borbónica.
Sin embargo, este segmento de la población no solo se
distinguía por su indumentaria, también por la actitud irreverente, que además se
consideraba bravuconería en el caso de los hombres y descaro en el de las
mujeres. En todo caso, se asociaba a un modo de vida sórdido y alejado de la moral, vamos, gente chunga.
![]() |
| Tipos y modas de Madrid en 1801. A los toros, Antonio Rodríguez |
![]() |
| Colección de Trajes de España tanto antiguos como modernos que comprehende todos los de sus dominios. Maja, elegante (1777, Manuel de la Cruz y Juan de la Cruz) |
Tara Zanardi ha comentado la contradicción que supone que la aristocracia deseara imitar a las clases bajas. Estas eran símbolo a la vez de la esencia nacional y de marginalidad social o abyección, como comenta Rebecca Haidt, lo que permitía a la aristocracia instrumentalizar su estética para acercarse al pueblo y forjar una nueva identidad homogénea frente al extranjero o afrancesado como enemigo común.
Además, esta indumentaria habría permitido subvertir ciertos roles de género al dar cabida en la moral católica y cortesana a la estereotipada actitud libertina de las majas, elevando el traje a instrumento político.
Por ello, Amelia Leira comenta que es frecuente encontrar prendas y adornos castizos incorporados a los trajes de moda francesa de estilo imperio, sobre todo en la indumentaria de aristócratas y miembros de las clases altas. Algunos ejemplos se aprecian en cuadros de Goya, que será el principal encargado de reflejar este fenómeno en óleo sobre lienzo:
![]() |
| Duquesa de Alba, Francisco de Goya (1797, Hispanic Society) |
![]() |
| Retrato de Isabel Porcel, Francisco de Goya (1805, National Gallery de Londres) |
El níveo vestido imperio francés, de caída lánguida, tela vaporosa y talle alto se interpreta aquí en tejidos oscuros y añadiendo encajes voluminosos o madroñeras, además del pañuelo de hombros y la mantilla como toque de modestia católica.
La propia reina María Luisa de Parma nos enseña la radical transición del traje de corte francés a la moda del majismo en cuestión de 35 años:
![]() |
| María Luisa de Parma, Anton Raphael Mengs (1765, Museo del Prado) La reina María Luisa con mantilla, Agustín Esteve y Marqués, copia de Goya (1799-1800, Museo del Prado, original en Palacio Real) |
En este sentido, las mujeres fueron el núcleo
del majismo, ya que el cuerpo femenino se convirtió en un espacio simbólico
donde se diseñó una unidad nacional, como se aprecia en los retratos de majas
por excelencia: Maja Desnuda (1795) y Maja Vestida (1800-1807). Por algo las alegorías siempre tienen nombre de mujer.
![]() |
| Prado Museum, Madrid, Spain. 1995. © Elliott Erwitt | Magnum Photos |
A su vez, el majismo fue interpretado por miembros de la aristocracia pobre y la clase media burguesa, que fueron llamados petimetres o currutacos debido a la pose estética y la actitud impostada que adoptaban. Sí, algunos señores también sufrían para presumir.
![]() |
| El elegante Petrimetre o el Lechuguino en su Tocador |
La exaltación de lo español (en su versión masculina: el macho ibérico de toda la vida) provocó que la figura del majo fuera el epítome del orgullo popular y que el tipo del petimetre (lo que en los años 2000 se denominaba metrosexual), por ser afeminado y con influencias afrancesadas, tuviera connotaciones peyorativas.
![]() |
| Colección General de los trages que en la actualidad se usan en España principada en el año 1801 en Madrid.Currutaco y Petimetra, Antonio Rodríguez |
A esto se suma la influencia de la escuela bolera, un género escenográfico que bebía de la danza clásica, la cortesana y la popular para crear una expresión tan característica que llegó a ser asimilada como danza nacional a lo largo del siglo XIX. Su estética fue clave en la consolidación del estereotipo por antonomasia de los majos y las majas.
![]() |
| Tipos y modas de Madrid en 1801.Bolera del teatro y Bolero del teatro, Antonio Rodríguez |
![]() |
| La bailaora Josefa Vargas, Esquivel (1850, Fundación Casa de Alba) |
El traje de majo se componía de chaquetilla corta y entallada con pequeñas solapas, chaleco corto y calzón. El marsellés era de influencia francesa, de paño, sin cuello ni solapas; mientras que la jaqueta era más corta, normalmente de seda, con pequeñas solapas y cuello de tirilla.
| Jaqueta y marsellés. Museo del Traje-CIPE |
La camisa se ceñía con una faja de colores y se llevaba un pañuelo al cuello en lugar de corbatín. El pelo también se recogía en una cofia y para cubrirse se utilizaba el chambergo, la montera o el catite (cualquier cosa menos el bicornio o el tricornio francés), y la capa larga que con Carlos III llegó a ser regulada e incluso prohibida en 1766, lo que influyó en el famoso motín de Esquilache.
El traje de majo es el precedente inmediato al traje de luces, puesto que
los primeros toreros famosos eran precisamente este tipo de chulos, que fueron
adaptando el traje a su oficio. Por ello a menudo aparecen ataviados con
prendas propias de la ganadería, como los zahones.
![]() |
| Producción propia. Museo del Traje-CIPE |
Por su parte, el traje
de maja constaba de un jubón con solapas ajustado al talle, sin ballenas y de
mangas ceñidas que se cubría con una chaquetilla. La falda se denominaba guardapiés si era de algodón y brial si era de seda. Para salir a la calle se cubría con
una basquiña negra y se usaba sobre la cabeza una mantilla que podía ser blanca o negra. Se echaba un pañuelo o chal sobre los hombros y el pelo iba recogido en una cofia con cintas y madroños.
![]() |
| Ejemplos de basquiñas con madroñera superpuesta y jubón corto y ajustado |
![]() |
| Maja sevillana y Majo sevillano, Manuel Cabral Aguado Bejarano (1850, Museo Carmen Thyssen Málaga) |
Ya a mediados del siglo XIX el majismo asimila la estética de la moda romántica, como se aprecia en la pareja de cuadros de Bejarano: la falda se vuelve amplia y el talle baja a la cintura. El nuevo vestido femenino ya no es majo sino goyesco, puesto que con el tiempo se ha transformado en un estereotipo popular manteniendo elementos distintivos como los madroños y la mantilla.
En el caso de los vestidos de clase alta, los materiales eran mucho más ricos y lujosos, con profusión de adornos de borlas, madroños, pasamanería y alamares. Además, mientras que las majas madrileñas no usarían ahuecadores de faldas en su vida cotidiana, en ocasiones se incorporó el uso del miriñaque para adaptarlo a la última moda, como se aprecia en los trajes de maja infantiles que fueron ofrecidos a la infanta Isabel de Borbón “La Chata” en sus visitas a distintas ciudades como Valencia, Sevilla o Andújar (sí, eso fue una moda) y que se conservan en el Museo del Traje-CIPE.
![]() |
| Museo del Traje-CIPE |
Esta tendencia llegó hasta el punto de estandarizarse en lo que se denominó como el «traje nacional». Se fue popularizando y extendiendo a otras regiones de España, especialmente al sur de la meseta, donde los tipos de majo y maja fueron asimilados al bandolerismo, a Andalucía y la cultura gitana.
![]() |
| Retrato de la marquesa del Llano, Anton Raphael Mengs (1770, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando) |
Como en el caso de los trajes de La Chata (y de María Antonieta), las clases altas gustaban de disfrazarse de lo que no eran, es decir, de pobres. Era una cosa muy patriótica.
Sin embargo, Irene Seco apunta que el traje de majo pronto quedó relegado a ser un símbolo del paradigma que pretendía identificar lo español con el majismo y establecer esta estética como parte de los valores tradicionales.
Esta moda castiza fue muy llamativa para los
viajeros extranjeros como Ford o Townsend, que encontraban a las majas
especialmente seductoras y atractivas, y que contribuyeron a crear un
estereotipo que asimilaba el majismo con otros elementos populares como las
corridas de toros, la zarzuela o los bailes de boleros y fandangos, en
contraposición con las costumbres refinadas importadas desde la corte francesa
con la llegada a Madrid de los Borbones.
Bibliografía
Amelia Leira Sánchez, El vestido en tiempos de Goya. “Anales del Museo
Nacional de Antropología”. 4, pp. 157-187, 1997.
Amelia Leira, La moda en España durante el siglo XVIII. "Indumenta", nº 0,
2007.
Irene Seco, La indumentaria tradicional española. Del majismo al traje
regional. "Fiesta y color. La mirada etnográfica de Sorolla", 2013.
Pablo Pena, Dandismo y juventud. "REIS", nº 98, 2002.
Ramón de Mesonero Romanos, Tipos y caracteres: bocetos de
cuadros de costumbres: (1843 a 1862), 1881.
Tara Zanardi, Framing Majismo. Art and Royal Identity in Eighteenth-Century
Spain. Penn State University Press, 2016.
Sofía Rodríguez Bernis, Cuerpo, gesto y comportamiento en el siglo XVIII. "Espacio, Tiempo y Forma", Serie VII, Hª del Arte, t. 20-21, 2007-2008.
















.jpeg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario