El traje a la española del siglo XVI fue el modelo más popularizado e imitado durante todo el siglo e incluso después. La dignidad y el prestigio que conllevaba vestirse como lo hacían en la corte hispana implicaba el uso de tres elementos fundamentales: el verdugado para dar forma a la silueta (junto con el cartón de pecho), los chapines y el tranzado.
Este post se centra en la principal innovación en la silueta femenina en la transición a la Edad
Moderna y la cultura renacentista, el verdugado, origen
de los ahuecadores de falda que se fueron desarrollando en siglos posteriores.
A finales del siglo XV, la indumentaria medieval a base de telas amplias basada en la costumbre romana fue paulatinamente transformada y sustituida por diversas innovaciones más o menos originales. Entre ellas destaca el verdugado, que era un conjunto de aros de madera, rígido
pero flexible, que iba forrado de tela y cosido a las faldetas o las sayas para
formar un cono o una campana desde la cintura hasta los pies. Su nombre
parece proceder de una alusión a las ramas verdes utilizadas para fabricarlos
(verde>verdugo).
Posteriormente se sustituyeron los aros de
madera por otros hechos de tela, que eran más flexibles y menos pesados para
dar volumen la falda sin la rigidez de los verdugos originales. Iban
cosidos en el exterior, por lo que eran visibles, formando parte de la
decoración.
Una de las representaciones más tempranas del verdugado se encuentra en
tres de las escenas del Retablo de San Juan, obra de Pedro García de
Benabarre y datada entre 1473 y 1482, que se conservan en el Museu Nacional
d'Art de Catalunya y el Museu de Lleida.
Su invención se atribuye de forma casi legendaria a la reina Isabel de Portugal, que supuestamente intentó ocultar un embarazo con este artilugio, creando sin pretenderlo una tendencia en la corte que perduraría muchísimos años. Carmen Bernis recoge este origen en su obra Los trajes y modas en la España de los Reyes Católicos (1978). Sin embargo, no parece muy plausible que esta silueta en concreto fuera muy útil en estos casos.
El uso del verdugado fue criticado por moralistas católicos como Hernando
de Talavera, confesor de la reina Isabel de Castilla. Porque siempre ha
habido señores que un día se levantan y dicen «voy a decirle a las mujeres lo
que tienen que hacer y lo que no, por su propio bien y el de sus almas, claro».
Este señor se dedicó a escribir un montón de consejos no solicitados en su obra Tractado sobre la demasía en el vestir, calçar y comer (1477) en el cual además culpaba de males como la sequía a las relajadas costumbres cortesanas. Por ejemplo, elaboró una lista de 12 razones por las que el verdugado era malísimo, entre otras:
- Llevar tanta ropa sobre el vientre da calor y eso hace que las mujeres vayan
cachondas y sean propensas a la lujuria (recomendable llevar encima planchas de plomo para enfriar el asunto)
- Sirve para ocultar embarazos (a la adúltera hay que poder acusarla con
facilidad y si lo esconde, pues no se puede)
- Al ir tan suelto, se ven las piernas y los pies (algo muy erótico)
-«Hábito de gran ficción y muy mentiroso, que la que es flaca y descaderada, seca e mucho delgada, haga caderas y cuerpo de trapo e lana» (porque entonces el canon de belleza era estar hermosa aka tener buenas mollas)
A pesar de todo, la propia reina usó este tipo de trajes con frecuencia, como se ha documentado en algunos inventarios y libros de cuentas, porque «antes muerta que sencilla y total, para Católica, yo».
Muy pronto el verdugado se impuso en la indumentaria femenina fuera del ámbito cortesano, siempre entre las mujeres nobles y burguesas, aunque pasó
a situarse en la faldeta interior, que quedaba parcialmente oculta por el brial
o sobrevestido.
En El cancionero de Pedro Marcuello, datado en 1495 y
conservado en el Musée Condé de Chantilly (Francia), aparecen en varias
ocasiones algunas damas vestidas con trajes que llevan cosidos verdugos en la
faldeta interior, que va bajo el brial. Se trata de
vestidos talares (que caen desde los hombros hasta los pies), con escote
cuadrado y con mangas abiertas que dejan ver las mangas de la camisa.
A veces podría tratarse de imitaciones de
verdugos en forma de cintas cosidas como adorno, como puede ser el caso de la
tercera imagen, ya que estas faldas no presentan la misma rigidez que la otras.
Queda de manifiesto que la saya verdugada era una indumentaria de aparato propia del ámbito cortesano, es decir, que era representativa de las mujeres más poderosas y ricas, y ni siquiera ellas la vestían todo el tiempo.
En el siglo XVI se crearon en el ámbito alemán algunas compilaciones de
trajes y costumbres de los distintos reinos europeos que se hicieron muy populares,
donde se documentan también algunos ejemplos de los verdugados que llevaban las
damas españolas en la época.
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| Códice de trajes. Der Spanichs Dantz (Baile español), Anónimo (Mediados del siglo XVI, Biblioteca Nacional) |
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| Códice de trajes. In Spania die Burgerin (Las mujeres de la clase media en España), Anónimo (Mediados del siglo XVI, Biblioteca Nacional) |
Entrado el siglo XVI, el verdugado ya se queda como una prenda interior que queda bajo la saya o la falda, aunque todavía se enseña por su valor decorativo y prestigio. Como se aprecia en las ilustraciones del Códice de trajes, el uso del verdugado estuvo complementado con los chapines, un tipo de calzado femenino con una gruesa suela que a modo de zueco.
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| Detalle de Il Libro del Sarto, Anónimo (1580) |
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| Peregrinación de los archiduques a Laeken, Hans van der Becken (1601, Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid) |
El traje podía estar compuesto por una única pieza llamada saya entera o bien dividida en dos piezas, el jubón y la basquiña. En cualquier caso, el armazón de verdugos se complementaba con el cartón de pecho, una prenda interior que aplanaba el busto para crear la silueta de reloj de arena. El escote podía ser cuadrado y amplio, a la manera francesa e italiana; o bien alto con cuello a la caja, como se impuso en la corte de Felipe II.
El verdugado llegó a ser importado por otras cortes europeas, siendo un elemento fundamental en el ceremonial de la moda de los Tudor. Fue introducido en Inglaterra por Catalina de Aragón, primera esposa del rey Enrique VIII, y se consolidó como elemento fundamental de la moda isabelina. Este tipo de vestido con el frontal abierto en forma de V invertida con tejidos contrastados también se conoce como saya saboyana.
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| Isabel I de princesa, William Scrotts (1546, Colección Real, Castillo de Windsor) |
Por eso en la historiografía anglosajona el verdugado se conoce
como spanish farthingale (del francés
temprano verdugale o vardingale, adoptado del
español) ya que sus primeros ejemplos se encuentran documentados en la
península ibérica.
En Francia fue transformado en el french
farthingale al aumentar el volumen en las caderas mediante un aro
paralelo al suelo del cual caían el resto de aros, todos del mismo tamaño; o bien un rollo suspendido; formando una especie de mesa camilla en torno al cuerpo.
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| Baile en la corte de Enrique III, Anónimo (1582, Museo del Louvre) |
Este nuevo artefacto se impuso en la corte inglesa, como se aprecia en la mayoría de los retratos de madurez de la reina Isabel I.
El verdugado francés o de rueda se fue imponiendo y acabó formando parte de los trajes utilizados por las mujeres de la realeza europea a finales del siglo XVI y principios del XVII.
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| Ana de Austria, reina de Francia, Frans Pourbus el Joven (1616, Galeria Nacional de Arte de Karlsruhe) |
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| Ana de Austria con el traje de su coronación, Peter Paul Rubens (1622-25, Museo Norton Simon) |
Sin embargo, la silueta del verdugado mantuvo su prestigio en las cortes ibéricas, hasta el punto de que estuvo vigente frente a las variaciones extranjeras durante el reinado de los Austrias y hasta su desplazamiento por el guardainfante ya a mediados del siglo XVII; primero con la rigidez geométrica propia, y luego con una silueta más acampanada que incorpora mayor volumen en las caderas por influencia francesa.
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| La infanta María de Austria, futura reina de Hungría, Rodrigo de Villalpando (1622, Museo del Prado) |
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| María de Austria, reina de Hungría, Frans Lyucks (1635, Museo del Prado) |
Fuentes:
José S. Uceda López. Fray Hernando de Talavera y "El libro del vestir...", Alcalibe, nº 3, pp. 259-268, 2003.
http://www.elizabethancostume.net/farthingale/
https://historiadeltraje.com/tag/verdugado/







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